PROCESO DE PURIFICACIÓN

Tratamiento Físico

El agua que ingresa a la planta es almacenada en cuatro tanques de PRFV, de 50.000 litros de capacidad cada uno, los cuales cumplen todas las exigencias constructivas e higiénicas que exige el Código Alimentario Argentino. Durante este almacenamiento, el agua se mantiene clorada mediante un sistema de dosificación y control automático, en un nivel bajo pero suficiente para mantener la asepsia del circuito.

A continuación el agua es sometida a un filtrado por una malla de acero inoxidable de 30 micrones, a los efectos de retirar todas las partículas de arcilla, limo y otras que permanecen en suspensión.

Luego, el agua es sometida a otro filtrado en un filtro relleno de carbón activado. Este material tiene la propiedad de retener sobre su superficie aquellas sustancias químicas, denominadas microcontaminantes, que son capaces de conferirle al agua sabores, olores y colores. Estas sustancias incluyen a los fenoles, pesticidas, detergentes, hidrocarburos, materia coloidal coloreada, cloro y sus derivados, etc.

El paso siguiente es conducir el agua a través de dos carcasas de acero inoxidable, una a continuación de la otra, en cuyo interior se encuentran elementos filtrantes de polipropileno: el primero de 5 micrones y el segundo de 1 micrón.

Luego de este tren de tratamientos, todos los contaminantes físicos son retirados del agua que se usará en la elaboración de nuestros productos. Un beneficio adicional de la filtración es que, sin ser un tratamiento bactericida en si mismo, es capaz de retener, si existieran en el agua de suministro, protozoos y sus quistes, como los de giardia y criptosporidios.


Tratamiento Bacteriológico

Esta es la etapa final de purificación del agua, que permite eliminar toda presencia microbiológica y generar condiciones que impidan la posible recontaminación posterior. Para ello se recurre al proceso Dioxon. En él, se utilizan dos sustancias químicas muy potentes:

Ozono (O3), de enérgica acción bactericida y viricida, que supera notablemente el desempeño de los bactericidas clásicos (Ej.: cloro), sin los cuestionamientos que éstos tienen:

• no aporta sabores ni olores extraños (y si los hay, los elimina)
• no genera sustancias potencialmente tóxicas
• no deja residuos químicos en el agua y su exceso se transforma en oxígeno
• es el más rápido y efectivo de los bactericidas conocidos

Dióxido de Cloro, el cual posee una potencia bactericida levemente inferior al ozono pero superior a los compuestos derivados del cloro y con el beneficio de no conferir al agua sabores indeseables. Tiene la ventaja de permanecer un tiempo mayor en el agua tratada, confiriéndole un mayor poder bactericida residual.

Completado el tratamiento del agua, se procede a la elaboración de todos nuestros productos.